Monitorizando partidas de paintball
Dentro de las múltiples aplicaciones que tienen las Redes de Sensores Inalámbricos, suelen enumerarse casi siempre las mismas: para la mejora de procesos industriales (logística), ahorro en recursos (riego en explotaciones agrícolas), salud (detección de caídas de personas), contaminación ambiental (niveles de gases de efecto invernadero), etc. Pero a lo largo de mi experiencia en esta tecnología, no he visto muchos ejemplos aplicados al entretenimiento. En esta entrada voy a exponer un caso de aplicación de sensores inalámbricos para la monitorización de partidas de paintball.
El cliente disponía de 3 zonas o escenarios donde organizaba diferentes partidas de paintball y en cada uno había un árbitro que dirigía las partidas. Cada partida consistía en el enfrentamiento entre dos equipos con un número de jugadores cada uno. Cuando un jugador era alcanzado por una bola de pintura, éste tenía que salir del escenario hacia la zona de “muertos”, por lo tanto, perdía el equipo que se quedase sin ningún jugador. Cuando se terminaba una partida, volvían a jugar otra los mismos equipos y, al final del día, cada equipo tenía una puntuación (el número de victorias) que determinaba el ganador.
Entonces, lo que el cliente quería era tener un control de las partidas y poder visualizarlo mediante un software, tanto en un PC, como en pantallas instaladas en cada uno de los escenarios. Quería tener información sobre el tiempo que duraban las partidas, cuánto duraba un jugador en una partida y el número de veces que “mataban” a un jugador. Su intención era, con toda esta información, conocer qué escenario presentaba mayor o menor dificultad para los jugadores y poder así, mejorar las características de éstos para mejorar la experiencia de los jugadores.
La solución que propusimos fue la de disponer de unos puntos de entrada en cada escenario, donde había instalado un monitor mostrando información de las partidas que se estaban jugando y una red WiFi, tal y como se ve en el siguiente dibujo:
Cada jugador tenía que llevar encima un dispositivo WiFi del tamaño de un paquete de cigarrillos con un botón que servía para indicar al sistema que el jugador estaba “vivo” o “muerto”. Cuando se iniciaba la partida, el árbitro comprobaba que todos los jugadores estuvieran “vivos” y comenzaba a contar el tiempo. Cada vez que un jugador “moría”, tenía que ir al punto de entrada y pulsar el botón para cambiar su estado a “muerto”. Mientras, en el monitor se iba mostrando qué jugadores estaban aún vivos y cuáles “muertos”, el tiempo que se llevaba de partida y el tiempo que había tardado cada jugador en la partida, y la puntuación global de todas las partidas. Para que este sistema funcionara, era necesario la figura del árbitro y que los jugadores jugaran “limpio”.
Como vemos, el uso de sensores inalámbricos puede encajar perfectamente en el ámbito de los juegos, sobre todo en zonas exteriores, gracias a su largo alcance, pequeño tamaño y bajo coste y consumo. Hasta la próxima.
